sábado, 30 de marzo de 2013

Segunda epifanía: L´écart


- Creo que esta vez se está pasando tres pueblos - le dice Carmen a Julia.
- Es cierto, es que ya son las dos de la mañana joder, normalmente apaga la música a las once.
- Y además es una música rarísima - comenta Elisa que está leyendo en la cama.
Ella ha escuchado toneladas de música, por lo que rarísima en este caso puede entenderse como un juicio estadístico.
- Lo raro es que siempre apaga la radio cuando acaba la música gregoriana -dice Julia..
- Pues a mi no me hace ni puta gracia. Tengo que entregar esto a las once de la mañana y tengo un párrafo - resopla Carmen acordándose del momento en el que le pareció buenísima idea estudiar dos años en la Sorbona.
- Quizás también le guste el electro-pop-tecnophunk - sugiero sin dejar de leer con tanta atención como incomprensión la traducción francesa de Frankenstein.
- No lo creo -ataja Carmen con total indiferencia a lo que yo pensé que calaría como una broma.- ¡Joder! No consigo concentrarme. ¡¿Cómo es posible que el viejo de arriba haga más ruido que nosotras?!
- Oye que cuando nosotras estamos de copas él nunca se ha quejado.
- ¡Pero lo hacemos los viernes o los sábados! ¡No un miércoles!

Deja de escucharse la música durante un segundo pero comienza de nuevo. La emisora cambia de programa. Música electrónica en un piso. Pum pum pum pum (periódico). Desesperación en el de debajo.

- ¿Subo a decirle algo? - me pregunta Carmen, cuyos apuntes me expulsan progresivamente de la mesa.
- Vos sabrás. No soy yo quien tiene que pasar toda la noche trabajando.

Me mira pensativa sin verme y sigue escribiendo en su plantilla. Suspira. Resopla. La música vuelva a cambiar, ahora suena más aguda y con un grave que varía de la misma forma que un metrónomo. Molesta objetivamente.

- ¡Ya está!¡No puedo más!... Voy a decirle que quite la puta música de una vez... me queda todavía más de la mitad- dice Carmen enseñándole a Julia su cuartilla medio vacía siendo optimistas- y que mierda de paredes son estas que escuchamos a los vecinos bajándose los pantalones...

- Tanta moda, tanta baguette, y tanta hostia - le acompaño divertido en su arrebato - Es curioso. En Rayuela el que se queja siempre es un hombre muy gruñón del piso de arriba, y a mi siempre me dio la sensación de que Cortázar al pequeño burgués culto abandonado por su propia cultura, el trabajador que ve en su biografía que ha levantado el país que ahora desde arriba le deja abajo. La típica angustia de quien se hace a un molde y después el molde le abandona ridiculizando su sumisión a ser moldeado. Seguro que hay algún síndrome para eso... Hoy todo puede traducirse en síndrome, solo hace falta que el síndrome se coloque como el término más aceptado a la hora de traducir... -pienso por mi parte, entonces vuelvo a hablar porque una de las muchas palabras que no entiendo del francés parece tener una importancia relevante en el texto, no en el de Mary Shelley, sino en este.

Recuerdo que el término parecía expresar aquello que existía entre las personas con mayor presencia que ellas mismas sin ser apenas nada, casi sin ser... Quizás recuerde mal o quizás me equivoque, quizás tampoco importe.

- ¡Julia! ¡¿Qué significa écart ?!
- Brecha, como vacío - me responden a la vez Carmen y Julia.


Al día siguiente nos despertó el ruido -a mí no- de una escalera de bomberos que llegaba hasta la ventana de arriba. La policía ha cortado la calle. Suenan cristales rotos. Parece que nuestro vecino de arriba había fallecido, quien sabe si mientras hablábamos de él, al otro lado de un techo tan fino que dejó pasar el sonido de la música callándose todo lo demás.

No estábamos seguros de que hubiese fallecido, todo dependía de que la música volviese a sonar.









miércoles, 20 de febrero de 2013

¿Encontraría a la Maga?

Llevo mucho tiempo sin narrar de manera lineal y descriptiva esas vivencias y otras desdichas mientras viva que van aconteciendo a las afueras de este espacio de confesión escrita desde mí-contigo. Contigo es la palabra del castellano que más me fascina en este preciso momento. Y tengo mis razones: además de la universidad, que algo me ha entretenido, cuanto más tiempo paso en este país más normal me parece todo, y cuanto más normales parecen las cosas más normales son, y esa cosa llamada normalidad es la sal que se echa a las superficies blancas para que no broten las palabras.

Para leer el próximo párrafo reduce los colores de tu imaginación al blanco y al negro con la voz narrativa de Tony el Gordo de los Simspon. La escena comienza en una rueda de prensa de periodistas con gabardinas que no dejan de lanzar esos flashes ruidosos de cámaras viejas y sombreros que se difumina poco a poco hasta caer en el flashback que deja la voz reposar tras los bastidores de la escena. 

Pero saltemos a una anécdota trepidante que tuve el implacer de experimentar entre esas calles de Praga que todavía están por civilizar: esta historia versa sobre el crimen que me llevó a saborear los fríos labios de la muerte. -¡¿Qué crimen?!- Robar un abrigo. -¿Podría decirnos qué abrigo?- El mío ¿Y lo de la muerte? -pregunta un sujeto con la cara hinchada y la voz chillona desde la penúltima fila- De frío. (En la sala se escuchan suspiros de admiración. Los espectadores murmuran entre ellos. Un niño llora)-¿qué coño hace un niño aquí? -pensé antes de comenzar con mi relato como mi voz de armónica. Todo iba bien hasta que Jake el Perlas y el viejo Budd comenzaron a pelear. Se sucedieron las avalanchas de gentes histéricas sobre las prendas que no encontraron patria en el ropero. Sin espacio para moverme por la gente enloquecida mientras cuerpos anónimos juegan conmigo en un baile sin compás, como juega la marea con las boyas. -¿dónde coño andará Spike?- pensé mientras apuraba las últimas caladas de mi cigarro. Cuando conseguí abrirme paso entre la multitud miré desconsolado la cruda realidad que se alzaba ante mí: el abrigo ya no estaba. Afuera rondaban los quince grados negativos y unos ojos de mujer prometían ser el único cálido lugar donde dejar morir mis esperanzas...

Fin de la recomendación cursiva

Basta de dramas. Esto es lo que pasa cuando se asume la traducción del ser en sardina a cambio de una fiesta balcánica, absenta y la promesa de felicidad que subyace como fe tras la palabra fiesta del creyente ingenuo que dice otra noche que sale aunque no le apetezca. Menos 15 grados y yo en sudadera con una amiga alemana que espera a una amiga que no era mía y no iba a venir, ella tenía que saber que el after estaba cerrado.  She is in your place now, for sure... ¿Cómo volveré a casa? -pensé mientras me nevaba en la cara- Solo recuerdo que debí encontrar la respuesta. (¬.¬)

Y pasé ciertos días encerrado, haciendo los trabajos de la universidad y construyendo Coommunity. Con un poco de suerte y algún que otro milagro pronto sabrás lo que es. Después marché a París con mi querida Elisa, quien me invitó amablemente a compartir planes y privilegios previamente acordados con su gente. Eterno enamorado del "a ver que pasa" ("haber que pasa" tras los recortes de Wert), de Cortázar, y profundamente interesado en los restos inmortales de nuestra decrépita ilustración, acepté tras encontrar un billete asequible. Fue gracioso ver cómo nos preparábamos para el aeropuerto todavía notablemente ebrios. Elisa empeñada, y casi con razón, en que no íbamos a llegar a coger el vuelo, pero cuarenta minutos antes de que saliese ya estábamos en el aeropuerto. Cristina me dejó su mochila y Marco su marcha y huida de la residencia a un piso, y digo huida porque le atemorizaba (pese a su valor y coraje) el extraño ser vivo checo que compartía habitación con él, la gente rumorea por los pasillos que antes hablaba pero que nunca dejaba supervivientes y Jack Sparrow se calla.

En París sucedió de todo mientras me hinchaba a epifanías, esos momentos de la realidad que se comportan frente a todo lo que sabes como un resumen; cartel de Cuanta Razón en tamaño real gracias al cual pasas de la intuición a entender el todo de un solo instante que se te escapa como la foto perfecta, y te deja el tiempo con la imagen de un solo segundo tarde. Vos sabes. La cuestión es que me maté a caminar hasta que Elisa y Julia regresaron al piso donde pasamos los últimos cuatro días. Durante esos cuatro días nuestro vecino de arriba se murió o no. Todo dependía del canto gregoriano, pero ya te contaré esa historia, primero la gran epifanía y ya seguiré:

¿Encontraría a la Maga?

Me dirijo al Pont des Arts (en cursiva y en francés para que quede bien cosmopolita) donde comienza Rayuela, con la novela bajo el brazo, y me encuentro el puente repleto de candados de enamorados. Qué horror. Pongamos un candado antes de que uno de los dos dude. Amor como candado. Fácil solución. Lo curioso es que quien pone un candado inmortaliza el presente frente a su evidente desconfianza. Tengo miedo de no quererte mañana. Candado hoy. Tengo miedo de que no me quieras mañana. Candado hoy. Tengo miedo de que no nos queramos hoy. Candado hoy. Amor sin actualización. Pero quiero comparar la idea del candado con uno de mis pasajes favoritos de Rayuela para que se entienda mejor la epifanía, o mejor dicho, para que no se entienda a la primera:

***
Capítulo 93
Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en las que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sabanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado,...




Para entender bien estas líneas es imprescindible entender el yo como un absoluto, nada de sujeto y mundo como si la conjunción "y" no fuese pura identidad; no se qué es tu risa más allá de la que escucho. Te escribo y te escribo y te describo a ti, pero después te leo y te veo escrita y escrita y descrita cuando caigo en la cuenta de que estás escrita con mi letra, entonces dejo de escribir.Un candado es hacer trampas en este juego metafísico: ¿promesa de amor eterno? Dos pájaros en una jaula se construyeron una jaula. Dos pájaros terminaron pensando que viven en la jaula que ellos construyeron. (No se que hago escribiendo sobre esto) ¿Enamorados? Quizás sí. Pero siempre pensé que el amor se parecía más a la persona ciega segura de estar acompañada aunque la compañía no dejase jamás de estar callada. Silencio. Interrogación abierta, el significado de una búsqueda que bien puede ser un mundo, interrogación cerrada:

¿Encontraría a la Maga?

martes, 12 de febrero de 2013



Se me cae la mirada por tu espalda; se enreda con tu pelo y se columpia, y se, columpia, y se... el extremo de mis ojos en tu espalda, resbalan por tu piel como una gota de sudor que llega sin obstáculos hasta tus tobillos hasta que los reclama con violencia tu sonrisa. El cigarro de después en la terraza; no cabe otro olor aquí que no sea el nuestro, ni mío ni tuyo; entonces recorro el espacio que antes recorría mi mirada y te alcanzo, te demuestro de nuevo que no estábamos tan lejos, te rodeo y nos llevamos de nuevo a la cama donde tus sabanas abrigan desde el suelo. 
Funambulista de tiras y aflojas, de oro y cemento, de ópera y silbido, de ballet y borracheras, de beso y bofetada, de caricias traducidas en tambores y de caricias sin traducir. Te alcanzo y te pierdo para no tener que seguirte nunca. Te alcanzo y te pierdo para no tener que tenerte siempre. Te vuelves a quejar de mentira de los recuerdos de humo de mi aliento, y yo te vuelvo a 
mentir con un susurro en forma de lo siento. No tengo ganas de tener ni nada que ganar teniendo. Me marcho, y te desapareces. Me marcho, y te desaparezco. Nada que objetar cuando predicas mi querer sin sujeto. Nada que objetar pues no hay objeto.

jueves, 10 de enero de 2013

La princesa meretriz: puta España.

De vuelta a Praga tras dos semanas de reencuentros y comidas que por primera vez en mi vida he sabido valorar desde la escasez. Una familia en relevo generacional con dos bebés y otros tres infantes que infantilizan la navidad y convierten las antiguas e irresolubles discusiones políticas (magníficas lecciones para quien busca no estar de acuerdo) en un coro de "agugutatas" orquestado por la eterna admiración por las nuevas vidas. ¿En qué momento deja un bebe de poder ser cualquier cosa? No lo se, y espero que el doctor durex me permita seguir sin saberlo, mientras tanto y con el hijo de mi primo aprendiendo a encontrar el Do en el piano en mi memoria no me puedo quejar, de hecho estas navidades no he podido evitar sentirme profundamente afortunado más allá de cenar de una tirada lo que normalmente aquí comería en dos días.

Lejos de mí queda ahora mismo una España extrañada de sí misma, un rostro histórico sin pasado común ni futuro que se pueda compartir, un espejo roto, una princesa meretriz o un secreto que alguien debería desvelar pero que ya nadie recuerda. Pero ahí está, esa España que no cabe en Europa ni fuera de ella atada a una moneda que exige que Mariloles la del séptimo y Franz Stein o Francois Ledeaux lleven en el bolsillo el mismo valor con el que competir en el mercado internacional. España de políticos que gestionan lo que su pueblo no puede asumir. Estrangular para salvar los pulmones, un sindiós como escribió Juan José Millás, todo un acto de madurez. Cualquiera hubiese dicho que es más utópico un sistema como el actual que lo que hoy en día es sistemáticamente calificado de utópico. Pero qué puedo contar a estas alturas, en términos de cambio real el que estés leyendo lo que escribo es una elegante pérdida de tiempo. ¿Entonces para qué escribo? Me basta con pensar que en un sistema en el que el tiempo es algo tan material y banal como el oro, el conseguir que alguien pierda el tiempo es un asalto desde tu mirada a las arcas del fondo monetario internacional, y las siglas irán con mayúsculas cuando se lo merezca. Bonito engaño, ¿no te parece?

Desde mi habitación solo llego a ver a través de mi ventana un cielo gris a través de las ramas marrones de un árbol húmedo, eso me recuerda al único tallo verde de la negra economía española: el Sol. Como echaba de menos el Sol: los rayos que llegan a la República Checa se han dejado a no se que altura todo el calor que les pedí. La mayor parte del tiempo oscuridad con frecuentes lluvias, de vez en cuando una nieve preciosa, y si no luz que no calienta. Enero, es lo que toca. Pero en España el Sol aparece a veces aunque no te apetezca y te calienta aunque te pille conduciendo con el abrigo puesto. Y ya que estamos hablando de  la península sin Portugal y de su historia, recuerdo una entrevista a Jose Luis Sampedro en la que explicaba que, una vez convencido Franco de que su política económica aislacionista de aires napoleónicos era lo que en terminología económica se conocía por el nombre de una mi€rda, España tenía dos pilares de crecimiento: el Sol, capaz de atraer capital sin exportación, y su propia pobreza, es decir, bajos salarios que vender a la industria extranjera.

Principalmente las generaciones de la posguerra española han trabajado para el sistema público español o para la industria internacional, y ahí está la gracia: España salta desde el tercer mundo de la posguerra hasta el primero fortaleciendo el sistema público alrededor de la industria extranjera. Suben los salarios y el sistema de seguridad social. Entonces empresarios, políticos y banqueros tienen el plan maestro de desviar a la construcción la milagrosa capacidad adquisitiva de los españoles. Tantos ricos como deudas bancarias, tantos ingresos crecientes como casas en la burbuja inmobiliaria. Te presto dinero para que no puedas pagar la casa, recupero el dinero y vendo tu casa: plan maestro. Pero el tipo de industria que atrae la pobreza no trabaja con mano de obra adinerada, y se empezaron a marchar las fábricas vendiendo el terreno en el momento álgido de nuestro optimismo y todos a la puta calle, ¿verdad padre?, a inmobiliarias o a representantes políticos con grandes proyectos públicos, y si su primo era socio de un constructor pues mejor que mejor. Esas casas malignas que vuelven a los bancos malos: eso que si interesa nacionalizar para liberar la inversión privada. Se fueron las fábricas y los salarios y las ganas de comprar ladrillo. Explota la burbuja y el valor de la inversión desciende en picado, los bancos no dan dinero porque el que tenían ya no vale nada, se estancan los proyectos y los estudiantes que dejaron de serlo para trabajar pasan a ser ninis. La industria que se nutría de la educación superior desaparece, y las grandes universidades y las generaciones universitarias se quedan fuera de contexto: generación perdida para España y encontrada para Iberia, y solo nos queda por repasar la estructura de funcionarios formada al rededor de aquello que generó beneficios que lejos de ser utilizados para generar industria propia se sepultaron entre ladrillos desahuciados para saltar desde la apertura de España en los años 60 y 70 a los Juegos de la Deuda que vivimos hoy. ¿Deuda ilegítima? Evidentemente, pero los responsables de la masacre siguen andando por casa firmando leyes contra el aborto o pasando de Bankia a Telefónica, o asesorando hospitales o compañías energéticas, pero ¿cabe esperar de un país que reconoce la legitimidad de una amnistía firmada con militares reconozca un crimen económico? No lo parece, o sino pregunta por las cunetas de las carreteras secundarias de este país cuánto tiempo ha de pasar para que se desentierre la vergüenza hispana, una princesa obligada a prostituirse, ayer a punta de pistola, hoy por deudas. Esa puta España en la que puta no significa otra cosa, no te confundas, que trabajadora explotada.

 O España estudia lo sucedido, lo juzga, lo persigue y lo corrige en sus justos y propios términos como a hecho Islandia o volveremos al tercer mundo en el que nos dejó el testículo único de Franco, y eso no lo va a hacer el partido político que absorbió al franquista ni ningún otro que comience aceptando las reglas marco europeo, aunque esta vez el camino a la miseria está al otro lado de las relucientes farolas de la Unión azulona, a través del aro de sus estrellitas. Basta con decir que a los servicios públicos españoles solo les queda una salida: la desaparición o la guerra. Y que ni se te pase por la cabeza que lo que hago al escribir es intentar cambiar las cosas, me conformo con convertir el oro en pensamiento.

"No escribí para hacerme famoso en Twitter, sino para que entendieseis por qué es legal"
A. Gramsci



sábado, 22 de diciembre de 2012

El Finn del mundo.

 El saxofón proyecta un cardenal de agujas níveas y coloradas que se incrustan en la estructura molecular de las lágrimas de un arcángel con diabetes. Me lo contó un maya y no veas la que lió. Cabe pensar que lo verdaderamente relevante de las profecías no está en su origen ni en su acierto, sino en esa especie de malabarismo temporal que hace que el presente se subordine desde si mismo a un pasado que está presente, consiguiendo que el futuro se difumine como la imagen desenfocada de un proyector. Ciento cuatro mil setecientos ochenta y siete agentes con gafitas rectangulares de la CIA, en cooperación con la MOSAD, Nike, MacDonalds (con permiso extraoficial de la SGAE adjunto) andan rebuscando entre los vestigios de la humanidad para encontrar alguna frase en arameo troglodita anglosajón que diga algo así como:

"Se acaba el mundo y te prometo que esta vez no he sido yo. No es culpa de nadie, todo esto es parte de un plan maestro que no nos incumbe, y si no se acaba el mundo significa que tan mal no lo estamos haciendo. Fuma. Poned en marcha las chimeneas que los mayas no mencionan nada al respecto, y mira a ver si subes el IVA mientras tanto. ¡Gol! Pánico nuclear. Tensión entre Israel e Irán. Japofobia china. Aracnofobia infantil. Teta. Crisis en España. Europa es un jarrón bailando sobre un palillo. Adopta un jarrón. Conflicto en medio de oriente y ya te dirá el canal de televisión dónde está el centro de ese medio. En oriente casi seguro. ¿He dicho teta ya? Se acaba el mundo."

Alienación: que todo esté en otro sitio. Que los mayas hace X años, de cuyo cuántos no quiero acordarme, dijesen el mundo se acaba le da un toque determinista a lo que sea que esté pasando. Ponle una pizca de "eso de que el mundo se va a acabar es algo que se sabe desde siempre" a la gran Mierda y conseguirás que lo que está acabando ahora con el mundo huela menos, que pase desapercibido como el sabor del vodka cuando se mezcla con lima. Tu vida está predeterminada porque está alienada, porque lo que podrías hacer para cambiarla está en otro sitio pero jamás donde estás tú. Ante eso siempre cabe decir con la simpleza con la que responderían los simios si pudiesen hablar: y una polla. ¿Crisis? Y una polla. ¿Ciclos económicos incomprensibles? Y una polla ¿Trabajar más por menos? Dos pollas. ¿No te contrato porque cabe el riesgo de que te quedes embarazada? Y un coño.¿Te juro que no volveré a levantarte la mano? Dos coños ¿Sanidad y educación privadas?¿Desahucios?¿Rescates? Y una polla, y un coño: guillotina. Cuando el poder de la palabra no alcanza las condiciones materiales no cabe diálogo posible. Cómo dijo recientemente un gran ciudadano en la universidad de Oviedo: yo no negocio con terroristas. No les facilites que puedan decir más tarde: tuvisteis vuestra oportunidad porque hubo diálogo. No hay diálogo posible con quien dialoga con el único objetivo de vender en los medios que se dialogó, que en aquesta y aquella decisión la víctima estuvo presente. Que la víctima firmó.

Ayer fue 21 y el fin del mundo sigue siendo pragmática y eficientemente administrado. Pero suena un clarinete al fondo del bar y al fondo del bar hay un piano. Jaming  con un checo que toca estupendamente y una guitarra que le pone acordes al asunto. Entonces me doy cuenta de que estoy tocando este instrumento de palabras, y que es utopía aburguesada el pensar que "la" verdad de este instrumento llegará a los oídos de la máquina liberal más sorda y deshumanizada. O más humana quizás. Hace mucho tiempo que dejé de admirar esa especie de racionalidad que nos distingue de los animales; racionalidad entendida como razón suficiente y de posibilidad para el dominio de la naturaleza y del otro desde la ilustración. Pero joder que bien suena el clarinete con el piano. Escribo para que muera la fe en la palabra, para que creer en sus palabras sea mera cuestión de fe, para que se lea entre líneas que hay que meter la máquina de escribir entre las poleas para romper la máquina, que no basta con la palabra. Improvisando con desconocidos en un bar de Praga pienso: sigue tocando sin perder el ritmo, cuerdas y martillos dentro y fuera del piano, mantén la calma.

22 de diciembre del 2012 y el mundo no ha terminado. Mañana vuelvo a, sin ser quien vino desde, a esa esa España en la que nunca he estado.

Finn (el humano).




domingo, 9 de diciembre de 2012

Mi

La única salud y poder posibles residen en la lucha contra el sufrimiento que nos define, dijo quizás Nietzsche. No puede haber orgullo donde no hay sufrimiento. No puede haber sufrimiento donde no hay vida, ni puede haber vida que no se esté consumiendo. Charles Bukowski escribió: "Si ocurre algo malo, bebes para olvidar, si ocurre algo bueno, bebes para celebrarlo, y si no pasa nada, bebes para que pase algo". Salud. ¿Salud? Tosiendo como un perro que tose como yo, tengo mil cosas que celebrar y olvidar mientras no pasa nada, pero no tengo nada que beber. Mañana tengo un examen que olvidar, por ejemplo.

Alguien me contó una historia una vez sobre una niña que tenía un juguete con el que jugaba cuando se lo pedían y cuando pensaba que lo había perdido, entonces lo buscaba nerviosa y jugaba complacida al encontrarlo. La historia concluye, creo recordar, cuando el triste muñeco se escapa dejando una nota que decía lo siguiente: "Cuando te mires al espejo y dejes de ver a una niña me podrás encontrar". Aunque el muñeco al escribir sabía que cuando llegase ese momento a ella ya no le gustarían los muñecos, por lo que no la volvería a ver jamás. Aunque parezca un final triste en realidad es espléndido. ¿No os parece espléndido que un juguete se de cuenta de que puede no jugar? Si asumes eso tienes que repensar la historia entera. Empezaba así: "Alguien me contó una historia", creo recordar que fue la niña, pero hace mucho tiempo que no la veo.

Un te quiero y un adiós que son una y la misma cosa. Fantasie impromptu de Chopin y cerrar el piano al que le falla el Mi más importante de todos aunque intentes que no se trague el resto de las notas: buena interpretación Alberto, pero sin ese Mi la voz final de la fantasía llega tristemente decapitada y convertida en una armónica vibración de cuerdas golpeadas por martillos. El piano sobre el que estoy sentado lo está tocando otro mientras escucho que tú escuchas el piano que estoy tocando: te falla el mismo Mi que al piano. Se cierra el piano y el sonido se disipa entre nosotros en ese abismo vacío e hipnótico entre el extremo imperceptible de la llama y el viento. Recuerdo lo que me respondió el muñeco cuando le pregunté más tarde que había sido de aquella niña:
- Alguien me contó que encontró el Mi más importante de un piano, después nadie más supo de ella.
-¿Alguien te contó?¡¿Quién te contó?!- pregunté yo que lo andaba buscando- pero no obtuve respuesta.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Salchichas y letras.

Es espantoso observar desde lejos como el sistema educativo español, ya imperfecto y menguado, se está convirtiendo en la más cínica maquinaria salchichera. LOMCE se llama la última gran puñalada a esa conciencia acallada pero orgullosa de las letras españolas. Desde Cervantes hasta Lorca pasando por Espronceda y las riñas entre Quevedo y Góngora, desde Valle Inclán hasta Delibes bajo las cantares gallegos de Rosalía de Castro retozando en el intramundo de Unamuno para acabar más tranquilo con Séneca. Sobre las penas de Miguel Hernández hoy, hasta sus cebollas están llorando de luto, y me atrevo a decir que todos ellos junto a todos y todas las que me dejo se cagarían en la cara de Ignacio Wert en prosa: Unamuno tardaría tiempo en enterarse como le pasó con Franco, pero luego se marcaría un buen discurso; Machado enviaría a Juan de Mairena por lo que le toca a la filosofía, y Ortega... Ortega no se porque es muy estupendo, quizás le mandaría una notita que dijese "eh tú hombre boya, ¿qué vivencias te crees que haces?". W€RT, apellido sencillo y económico ("fácil de pronunciar y te ahorras abrir la boca para una segunda vocal", decía de pequeño muy orgulloso) aquel que no contento con arruinar la universidad en la que estudió, en la que ahora estudiamos otros y otras tantas, le ha dado por joder a la gente que no ha tenido todavía el placer místico de pasear con un libro los otoños de ciudad universitaria.

Utilidad, competitividad, rentabilidad, mercado, tuerca, salchicha. Esas son las palabras que se leen en la LOMCE, aunque la última es sin duda la más explicita. Cómo estudiante de filosofía sientes que te meten la cabeza en el culo. Con la ética expulsada de secundaria y la historia de la filosofía opcional. Cómo libre pensador te das cuenta de que no hay cabeza sobre el cuerpo que te mete la tuya en el culo. Qué casualidad que vayan desapareciendo todas las disciplinas que te pueden llevar a plantearte porqué ciertas disciplinas van desapareciendo. Matan dos pájaros de un tiro; ¿porqué iban a financiar algo que cuestiona el sistema financiero?... "pero antes de empezar con el tema dos sacad vuestras Cocacolas"...pero ¡Almudena!, ¿dónde están tus deberes? - Lo siento profe, ayer no tenía dinero para hacerlos. -Pues ahora mismo te pongo una multa en la agenda". Mierda.

Andaba yo mirando en la página web del estado español para ver cómo me podía dar de baja. Como no encontraba la opción llame al teléfono adjunto y me pusieron las obras completas del Fary mientras me pedían amablemente que permaneciese a la espera. Cómo no pude darme de baja me di cuenta de que iba a tener que seguir siendo español, pero: ¿cual de todas las españas queda todavía para que podamos ser?¿ La España monárquica sin transición ni juicio al franquismo de cunetas vertebradas, o la España gobernada por un hombre que no responde preguntas por no entender su propia letra?¿Quizás la España joven siempre bien dispuesta al anestésico, o popular verbenera que sigue votando en función de lo que le goteó desde la guerra? Sin duda la España que recibe palos en la calle frente al ejército de salvación dictatorial es tentadora, o quizás pueda leer henchido el cantar del Mío Cid hasta que me den de baja sin haber visto siquiera que estoy envuelto en una funda en la sección de salchichas del supermercado. Solo queda una España en la que cabe pensar en ser y no es otra que la que lucha.

Pero como siempre todavía nos queda una razón para creer: su único error y mayor error. El método de autoperpetuación de liberalismo siempre ha sido la paedofagia (preciosa palabra), es decir, comerse las crías de las otras especies. Institucionalizar el odio a la institución,  vender palestinas y camisetas del Che hasta que las abuelas se las regalen a sus nietos preocupadas por la talla, sistematizar lo antisistema y venderlo, medirlo, esculpirlo y exponerlo. Aplaudir al terrorismo con lágrimas desde la doctrina del shock. La superación del uso ideológico del lenguaje no consiste en usarlo como un arma, sino prostituirlo para que nuestras bocas lascivas lo consuman hasta que se nos caigan los dientes por las venéreas. Ya no hace falta cortar las malas hiervas, basta con dejarlas crecer en esta maceta de mierda y tierra muerta a la que llamamos democracia.

 El abandono de estas prácticas paedofágicas es el mayor error que está cometiendo el poder a través del partido popular en la realización de su proyecto de sociedad. Trajeron policía de toda España reconociendo que tenían miedo al pueblo. Sacaron la filosofía de la educación obligatoria anunciando el poder del libre pensamiento; dijeron que la filosofía no servía porque jamás sería la sierva. Detuvieron a personas por decir la verdad aceptando vestirse con la mentira. Cargaron con violencia para disolvernos y nos enseñaron que la violencia nos servirá como les sirve a ellos. Persiguieron a toda persona que quiso organizar protestas, entonces el pueblo se dio cuenta de que organizado no tendría ni que protestar.  Prohibieron la palabra libertad y le dieron un sentido, golpearon a quien la gritó y horrorizados observaron como la palabra se convertía en símbolo. Minerva acudió armada a la llamada agonizante de Sofía.

 Cuanto más prohíban, peguen, roben y maten más seco estará el suelo sobre el que emerja esa chispa que extienda el incendio, y pasará, pero lo más difícil, mucho más que quemar a un gobierno, es que lo que quede en pie cuando este caiga pueda coger las riendas sin que se le resbalen por la sangre, sin ahogarse entre cenizas.