domingo, 9 de diciembre de 2012

Mi

La única salud y poder posibles residen en la lucha contra el sufrimiento que nos define, dijo quizás Nietzsche. No puede haber orgullo donde no hay sufrimiento. No puede haber sufrimiento donde no hay vida, ni puede haber vida que no se esté consumiendo. Charles Bukowski escribió: "Si ocurre algo malo, bebes para olvidar, si ocurre algo bueno, bebes para celebrarlo, y si no pasa nada, bebes para que pase algo". Salud. ¿Salud? Tosiendo como un perro que tose como yo, tengo mil cosas que celebrar y olvidar mientras no pasa nada, pero no tengo nada que beber. Mañana tengo un examen que olvidar, por ejemplo.

Alguien me contó una historia una vez sobre una niña que tenía un juguete con el que jugaba cuando se lo pedían y cuando pensaba que lo había perdido, entonces lo buscaba nerviosa y jugaba complacida al encontrarlo. La historia concluye, creo recordar, cuando el triste muñeco se escapa dejando una nota que decía lo siguiente: "Cuando te mires al espejo y dejes de ver a una niña me podrás encontrar". Aunque el muñeco al escribir sabía que cuando llegase ese momento a ella ya no le gustarían los muñecos, por lo que no la volvería a ver jamás. Aunque parezca un final triste en realidad es espléndido. ¿No os parece espléndido que un juguete se de cuenta de que puede no jugar? Si asumes eso tienes que repensar la historia entera. Empezaba así: "Alguien me contó una historia", creo recordar que fue la niña, pero hace mucho tiempo que no la veo.

Un te quiero y un adiós que son una y la misma cosa. Fantasie impromptu de Chopin y cerrar el piano al que le falla el Mi más importante de todos aunque intentes que no se trague el resto de las notas: buena interpretación Alberto, pero sin ese Mi la voz final de la fantasía llega tristemente decapitada y convertida en una armónica vibración de cuerdas golpeadas por martillos. El piano sobre el que estoy sentado lo está tocando otro mientras escucho que tú escuchas el piano que estoy tocando: te falla el mismo Mi que al piano. Se cierra el piano y el sonido se disipa entre nosotros en ese abismo vacío e hipnótico entre el extremo imperceptible de la llama y el viento. Recuerdo lo que me respondió el muñeco cuando le pregunté más tarde que había sido de aquella niña:
- Alguien me contó que encontró el Mi más importante de un piano, después nadie más supo de ella.
-¿Alguien te contó?¡¿Quién te contó?!- pregunté yo que lo andaba buscando- pero no obtuve respuesta.

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