sábado, 22 de septiembre de 2012

Praga, un piano y una rata




 Lo que durante un año ha sido papeleo, aburrimiento y una satírica garantía de caducidad de todas mis relaciones sentimentales -ese fatídico "me voy de erasmus"- por fin se ha convertido en aquello en lo que debía convertirse: Praga. Cuando salí del avión el mundo era de un gris frío de pelotas que no conjuntaba nada bien con mis pantalones cortos. Busqué el autobus 179 hacia Vietrnik y me di cuenta de que no sabía ir a la residencia desde la parada del autobús, ahí, con mi maleta de 25 kilos, la lluvia y mi nivel de checo digno de un chimpancé de los normalitos. Tuve la suerte de encontrarme con un chico de Guatemala y con su novia checa; la chica, con uno de esos móviles que no se parecen en nada al mío, miró en el Google Maps y supo indicarme, bendita sea la tecnología de ese progreso enloquecido que tanto detesto. 

Cuando llegué a la residencia estuve buscando mi nombre en una de esas listas interminables y desordenadas con una simpática mujer que sabía tanto inglés como yo checo, y tanto español como yo Suajili. Finalmente no me encontró y se me quedó mirando sin decir nada, es decir, diciéndome en silencio: "Si no estás en esta lista no te puedo dar una llave, y no estás en esta lista". A su silencio yo le respondí con otro evidente que significaba: "Si no estoy en esa lista es su puto problema, no me pienso ir" aunque los dos supiésemos que ese era mi puto problema, mientras me imaginaba que conchas del diablo podía hacer si no me daba una llave y todo esto mientras estábamos concienzudamente callados los dos, tras renunciar a la comunicación oral tras desastrosos intentos en los que la mujer repetía de mil maneras y a mil velocidades distintas lo que trataba de explicarme, hasta que me eché a reír de lo absurda que me resultaba la situación sin saber de quién era la culpa. 
    Por fin se me ocurrió que o bien habían escrito Coronel con K o bien había alguna hoja que no habíamos visto. Cogí los papeles y descubrí que una de las listas había tres folios grapados, en el último leí "Tarancón Coronel Alberto" y deduje con gran astucia que era yo, me dio la llave. Mientras tanto una bonita checa me vio desde un pasillo nos ayudó con la traducción de lo que tuve que hacer al día siguiente y me invitó a jugar con otros checos a un juego de mesa y a chupitos de vodka. Bebiendo con un grupo de checos cuyos nombres ni siquiera intentaría recordar apareció otra chica que estudia química y me dijo que podía hacer arder mi mano sin que me quemase. De la misma manera que siguen los religiosos a sus profetas acepté sin dudar que aconteciese en mi semajante milagro (hay un vídeo de esto que puedo pasar por email).

Al día siguiente fui al centro. La ciudad es preciosa, inmaculada y vieja, desde Sarometská, donde está mi facultad, hasta la plaza del famoso reloj todo es piedra, y lo sigue siendo pasada esta, sería increíble verla sin turistas, verla sin mi. Mi residencia es como una colmena al estilo soviético con sótanos donde puedes fumar. Mi compañero de piso es un chico valenciano, muy buena gente, pero sobre el cual no voy a contar nada más porque quiere leer lo que escribo jaja y no quiero que piense que soy de esos que dicen cosas bonitas sobre los demás a sus espaldas jajaja. Ayer fue el primer día que salí a muerte. Un checo muy fumado me dijo cuando me vio que tenía un regalo para mi, entre admiración y desconfianza vi que se sacaba dos bolsitas, le di las gracias, ¡yakuie!, y el respondió: "Check White Widow" y yo me reí, creo que en checo significa "de nada" jaja... voy entendiendo lo que significa estar de erasmus mientras no paran de llegar personas de toda Europa a la residencia que hasta hoy estaba casi desierta. Una residencia que no tiene casi de nada y alguna rata que otra, pero que tiene un piano. Adoro Praga. Ahoi. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario