martes, 27 de noviembre de 2012

Fin del akrónimo

Mi memoria está hecha de una arcilla fría que calienta el sueño con manos de escritura. La arcilla fría está hecha de esa tinta de palabra y tiempo que me creí. ¿Quién creyó? Esos textos pasados de tinta de arcilla titulados yo que me ayudaron a escribir, y escribí leyendo un mundo envuelto por la palabra memoria de esa arcilla que terminó por enfriarse en mí. Otra definición de vida.

Escribir; masturbarse con amor sin ser correspondido; llorar a solas aunque te vean, no llorar jamás desde siempre; veneración al margen de la página con esa música que se oye a veces aunque nadie la crea y en la que casi nadie cree. Creación. Crea-tura -susurra Horacio mientras se esnifa la tiza de la Rayuela-, criatura de curación, pues si la palabra no curase no habría curas (ni los ni las)... y si fuese posible que estas palabras extrañas te curasen a ti.

Si fuese posible merecería la pena el no ser correspondido, merecería la pena el escribir desde ese Otro que nos escribe a nosotros mientras permanece escondido. Merecería la deuda que paga la tinta por huir de los ríos de arcilla caliente. Merecería esa pena absoluta que siento cuando te escribo y te escribo y te describo a ti, pero después te leo y te veo escrita y escrita y descrita cuando caigo en la cuenta de que estás escrita con mi letra, entonces dejo de escribir.

Escribir: masturbarse con amor sin ser correspondido. Escribí: sentado en el suelo sobre la maleta esperando al autobús que me trajo aquí para que me lleve allá de nuevo, a veces siento que se pasa la vida esperando, esperando otro comienzo, entonces me fumo otro cigarro que jamás me he fumado y me siento un poquito más vivo por saberme un poquito más muerto. No se si me explico, o eso espero.

Una viejita con boina y gabardina sobre unos zapatos grises bajo una mirada fría, y cariñosa, que me ha visto escribir sobre la maleta me toca el hombro para decirme sin duda alguna en un idioma que no entiendo que el autobús que llega es el que me lleva al aeropuerto. -¡Dëkuji señora!- De no ser por sus modernísimas gafas de sol hubiese jurado que aquella mujer se había escapado del museo de comunismo. Qué amable.

Y volví a mi casa en España nada más que dos días, dejando detrás lo que es ya un hogar. El viaje de vuelta al aeropuerto, aunque no sea el último, me está diciendo que esto se acaba rápido y se queda reducido a ese intento mañanero y ojerosamente impar de recordar un sueño. Aunque sea un sueño, han pasado dos meses y mil cosas, he cruzado mil calles y las mil piedras de un río, y te contaría mucho más cosas que no quiero contar porque ese es un secreto mío y tuyo. Aunque no todos los días han sido tan fáciles; en los momentos bajos no es raro sentirse solo, las dudas se enquistan y se airean en la distancia con aquellos que siempre están cerca... entonces me sonríe una niña en el metro y las dudas se disipan cuando me doy cuenta de que me ha chivado qué es el arte. Y así cargaron mil tranvías con mis libros de humo y otras historias; y yo ridículo para que no se disipasen les ponía un marcapáginas con cada cigarro perfecto, el tranvía que me lleva a casa me muestra con absoluta claridad el rostro de Praga, esa plaza donde suena siempre un piano y bailan las ratas. Estoy apunto de llegar al aeropuerto, entonces un cementerio a lo lejos me recuerda que estoy vivo en esta demencia compartida que nadie fue capaz de narrar, por eso escribo. 

No se que día es hoy pero es alguno del once del doce, ha salido el Sol sobre Praga y apenas lo siento a través del cristal, pero siento el cristal, pero el cristal y el Sol apenas se sienten, quién sabe... pero se que está ahí como esas páginas de humo sobre las que me han contado tantas historias de vida tinta que guardo en papel cenicero. Ya no me preocupa la pena que paga la tinta por escribir porque merece la pena pensar que quizás llegue a curarte a ti. Curar. Contar. Contar curas (las no los). Curar cuentos. Una vez me contó un vagabundo que conoce Praga de extremo a extremo que esta tinta de arcilla fría se perderá en los márgenes que deja el tiempo entre los segundos, que aunque te escriba y te escriba y te describa será siempre mi letra triste en los márgenes de tu mundo. "Yo" dicho por ti sin que te oiga: fin del akrónimo: marcapáginas de humo.






1 comentario:

  1. Me gusta leerte tanto o mas que escribirte para saber de ti...

    Te extraña en la lejanía:
    "Sala" :)

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