Y salimos corriendo del polvo blanco que lo llenaba todo. Uno se queda para recoger un ordenador. Las toses cesaron con la distancia y alguien dijo, .-hijos de puta-. Habían abierto un extintor para echarnos... joder con los checos, pero estábamos demasiado ciegos como para enfrentarnos a cualquier cosa que implicase tomar decisiones. Yo me reí, y miré con indiferencia a una rumana que pese a todo seguía rompiendo botellas por los pasillos. Joder, qué absurdo. Y la rumana seguía pasando una botella de plástico que se resistía a romperse de una cosa que sabía a agua con colonia mala, y otro español ofreciendo vodka gritando demasiado. Miré a Nico. Nico me miró. "Están quedaos", concluimos.
Y también concluyen dos horas de memoria, donde encuentro un espacio tan blanco como el color que distingue este párrafo del anterior, pero con el salto de uno a otro se me ha caído Nico, debió coger un autobús, y aparecieron otros, desaparecieron esos mismos. Salimos del bloque 10, Clara se va a dormir y ya no conozco a nadie. Me doy unas vueltas por el campus, sin saber que hacer, al reloj le quedaban dos vueltas enteras para traer de vuelta a los autobuses, ese que me dejó, y hago eso que suele hacer la gente cuando se tiene que comer dos horas de ese frío que te va robando el pedo poco a poco, y te va devolviendo la conciencia al mismo ritmo, es decir, pensar. Eran las siete de la mañana, ya era 27 de septiembre, y recuerdo nítidamente esa lucidez cansada del mañaneo, el arrastrarse, el frío, el autobús que me trajo a Stranhov, que es el mismo que me llevará a la residencia, el avión que me trajo a Praga que es el mismo que me llevará a Madrid, y el Sol habrá dado tantas vueltas, día, noche, día, noche... joder, si Dios existe tiene que ser como un hamster que corre en una rueda cósmica para hacer girar el circo este... Qué sensación, esa en la que lo entiendes todo pero estás jodido de frío, esa en la que tu entendimiento se llena con bien poquito... pero parece todo... qué frío, y creo que he perdido los filtros.
Comienzo a caminar dirección al estadio, el más grande de Europa y yo me entretengo pensando lo grande que tiene que ser Europa. Tengo que esperar al autobús bajo la lluvia porque no hay donde resguardarse. Ni mi abrigo ni mi sudadera tienen capucha. Qué bien. Y yo pensando frases cortas entre puntos seguidos. Entonces vuelven las ganas de fumarme otro de esos cigarros que se consumen como carpe diem para que se joda el Hamster y que todo deje de dar vueltas, y busco un filtro, siempre llevo alguno suelto en los bolsillos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario